Traducción de la Entrevista Exclusiva a Ben Weasel sobre “Baby Fat Part I”: “La fe no supone comodidad, sino que te vuelve muy inquieto” (Revista Tempi 25 de Mayo de 2015)

Una entrevista de Amanda Murphy y Pietro Piccinini para la revista “Tempi” (http://www.tempi.it)
Traducción al castellano por Lebs Luthor
Introducción de Ignacio Santa María

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Benjamin Foster, más conocido como Ben Weasel, era una autoridad en la escena punk estadounidense. Al frente de Screeching Weasel y Riverdales, dos de los grupos señeros del emblemático sello Lookout que, a mediados de los 90, fue la lanzadera de grupos como Green Day, The Queers, Groovie Ghoulies o Mr. T Experience, entre otros, Weasel fue todo un icono de esa escena. Decenas de grupos de punk de todo el mundo lo tomaron como modelo a seguir y ansiaban lucir en sus discos el sello con el dibujo de la comadreja (weasel significa comadreja) y la leyenda “Approved by Ben Weasel” (Aprobado por Ben Weasel). En marzo de 2011, después de grabar un disco bastante flojo, Screeching Weasel actuó en el festival SXSW, en Austin (Texas). En pleno concierto, Foster se vio envuelto en una pelea en la que terminó agrediendo a dos chicas. El vídeo de la reyerta circuló hasta la saciedad por Internet y el músico fue objeto de una lluvia de condenas e insultos. Su estrella parecía apagarse y muchos de los que lo habían idolatrado lo convirtieron en una aborrecible caricatura: misógino, violento, facha… Muchos de sus compañeros de escena musical y sus fans le afeaban además que, para colmo, se hubiera hecho católico.

Pero contra todo pronóstico y tras cuatro años de silencio, Ben Weasel resurge ahora de sus cenizas y nos sorprende con una obra genial que musicalmente supera todo lo que ha escrito anteriormente (incluido ese disco imprescindible que firmó en 2007 al frente del Iron String Quartet). Se trata nada menos que de la primera ópera punk de la historia. El álbum, titulado Baby Fat, es solo la primera parte de una ópera inspirada en Rigoletto y estructurada en dos actos. Fiel a los postulados del punk rock, Weasel eleva el género a sus más altas cotas, merced a textos, melodías y arreglos trabajados con minuciosidad y una gran dosis de talento. En esta entrevista, recogida del semanario italiano Tempi, reconoce que la suya es una historia de redención humana y artística en la que su conversión al cristianismo ha sido la clave. De hecho, Baby Fat es una obra profundamente cristiana que bebe directamente de esa experiencia de conversión y redención. La fe le ha regalado además una mirada aguda sobre la escena musical y la cultura de nuestro tiempo.

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Pregunta: ¿Por qué una ópera rock?

Ben Weasel: Es una larga historia que intentaré resumir. Hace unos cuatro años, provoqué un gran cabreo en Internet. Golpeé a un par de chicas, algo que no se debe hacer. Me vi envuelto en toda esta movida en las redes y al mismo tiempo tenía que prestar atención a mi vida real. Mi mujer estaba en su séptimo mes de embarazo de nuestro tercer hijo. Este nuevo bebé estaba en camino y teníamos ya una pareja de gemelos de tres años dando tumbos, así que necesitábamos un coche más grande. Lo compramos y venía con una subscripción a radio por satélite. Nunca escucho música en el coche, pero dije: “Lo probaré”. La encendí y di con una emisora de ópera que emitía 24 horas desde el Metropolitan de Nueva York. Estaba sonando Rigoletto (de Giuseppe Verdi) y pensé: “Esto es genial”. Había algo en ello que me conmovió realmente. Así que buceé en ello y empecé a educarme en la ópera. En ese momento, decidí que iba a escribir una ópera basada en Rigoletto, porque en esa historia había un cierto paralelismo con lo que sucedía en mi vida.

Una idea en particular me llamó la atención. En la primera escena, Rigoletto es realmente este asqueroso sapo de persona. Es un personaje horrible, pero entonces la escena acaba y le vemos en su vida normal y es un hombre muy diferente, su mundo se mueve en torno a su hija. No es un buen personaje, pero es muy humano. El amor por su hija es casi obsesivo y en último término destructivo, así que ya de lejos puedes ver cómo va a acabar. Y como mucha gente, especialmente gente que no es religiosa, Rigoletto es muy supersticioso, así que cuando ese hombre le lanza una maldición, empieza a caer en picado y la maldición se convierte en toda una profecía.

Yo estaba sumergido en el tema de la vida pública frente a la vida privada. Pensé que era un argumento perfecto para ser actualizado con estrellas de rock o del cine y deportistas de éxito en vez de con duques y reyes. Otra idea que quería explorar era la del éxito: ser famoso y cómo eso puede ser un factor que te aísle y te convierta en un monstruo; esta idea de que si te haces suficientemente rico y poderoso para conseguir todo lo que quieres, puedes encontrarte en un infierno en la tierra.

P: Dices que versa sobre vida pública y privada, pero Baby Fat trata sobre bueno y malo…

BW: Pues Claro…

P: … y lo que es notable es que, aunque hay muchas referencias a la doctrina católica, no hay moralismo ni fanatismo.

BW: Es todo intencionado. Me refiero a que si fuera a sentarme a analizar esto – cosa que quizá no quiera hacer, pero no quiero ser falsamente modesto contigo – en términos muy generales, diría que el personaje de Swank representa el mal, el tipo de mal del que hablaba antes; y el bien sería representado por el personaje de Poveretta, quien no es todo bondad. He hecho que sea una teóloga para subrayar la idea de que su fe es principalmente intelectual y nunca ha sido puesta a prueba. En esta historia, su fe se pone a prueba, ya que tiene que tomar la decisión de poner en práctica aquello en lo que cree. Luego está el personaje de Baby Fat que, para mí, es como Rigoletto: él es todo el mundo, es la humanidad y, en cierto modo, está en aprietos. El amor que siente por su hija le conducirá a la ruina, como sucede en Rigoletto. Porque es un tipo de amor posesivo, no le hace ser libre.

P: ¿No deberíamos esperar una redención en el Acto II para ella?

BW: En el Acto II habrá redención. Baby Fat es su ruina, en el sentido de lo que él quiere para ella. En el Acto I intenta protegerla y eso claramente no funciona. En el Acto II va a tratar de vengarla y eso tampoco va a funcionar, así que tendrá que tomar una decisión. Al final del Acto I, ella se enfrenta a algo horrible: sufre una violación. La idea de vengarse le pone en un aprieto, tiene que decidir si separarse de Dios. En una oración, le pide a Jesús que se aleje, es realmente una forma de orgullo. Su necesidad de venganza es tan fuerte que no cree que nadie pueda ayudarla y sabe que eso es malo.

P: ¿Por qué intentas desmontar el concepto que comúnmente se tiene del orgullo?

BW: Porque creo que hace cincuenta o cien años el pecado del orgullo se entendía mucho mejor que ahora. Ahora cuando decimos que alguien es orgulloso, se entiende como que alguien es simplemente arrogante. Creo que el significado real es diferente. Lo puedes encontrar, por ejemplo, en El revés de la trama, de Graham Greene, en donde al final de la novela, Scobie comete el pecado final de suicidarse porque él decide que Dios no puede salvarle. Se lamenta, quiere ser salvado, pero Dios no puede salvarle.

Esa es la clase de orgullo en la que estoy interesado, el que causa que un montón de gente hoy diga, cuando se enteran de que eres religioso: “Oh, desearía ser religioso, sólo que no puedo”, lo que equivale a decir: “Soy demasiado listo para la religión, me gustaría ser un idiota como tú y creer en Dios, porque sería muy cómodo…” Pero esto es exactamente lo contrario de la verdad: la fe no supone comodidad, en realidad es lo contrario, te vuelve muy inquieto. Por eso me interesa ese tipo de orgullo y por eso pienso que es tan bueno para Poveretta tener esa crisis en el Acto II. Es un conflicto entre la teoría y la práctica de sus creencias religiosas, remarcado por el hecho de que sea una estudiante de teología, lo que le hace mirar a la parte intelectual de la fe: la cabeza sobre el corazón.

P: Es extraño que hayamos tenido que esperar a que llegue un punk rocker para encontrarnos con una obra de arte que da un testimonio católico. ¿No crees?

BW: Si miras a la primera mitad del siglo XX, había un grupo de artistas católicos increíble, especialmente escritores y particularmente en occidente, y eso ya no existe. El problema real es que hay un tabú en el arte.

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P: ¿A qué te refieres con “el problema real”?

BW: El problema real es que puedes salir y escribir tus libros tontos sobre ángeles y que sean best-sellers, o quizá puedes decir “Sí, la fe está bien, mientras le quitemos la idea principal y critiquemos las instituciones…” Puedes hacer estas cosas placenteras de vivir en las nubes, de ángeles y alas. Pero si profundizas en el corazón real, es un tabú. Es el tabú final, ciertamente en América y creo que en Europa también.

Nadie sabe realmente de dónde viene la inspiración artística, cuál es el génesis del arte, y creo que, durante la mayor parte de la historia moderna, desde el inicio del cristianismo, se presuponía que venía de Dios. Ahora es un rollo psicológico. En la primera mitad del siglo XX una gran parte del arte que se hacía, especialmente en los años 20 y 30 (desde el expresionismo alemán en adelante), estaba muy determinada por la psicología del individuo. Todo se convertía en el hombre peleándose consigo mismo y con su ‘psique’. Esto ha conducido a esta clase de obsesión con uno mismo que vimos llegar en los sesenta, con la idea de que el individuo y especialmente los sentimientos del individuo son supremos. Ahí es donde estamos.

Lo mismo sucede con el escenario político moderno, donde se ve por todas partes la palabra sentir. Vemos gente que quiere restringir nuestro derecho de libertad de expresión, porque ciertas cosas hacen a la gente sentirse mal. Esto sucede en la izquierda americana, que fue tradicionalmente la defensora de la libertad de expresión; era la derecha la que quería censurar todo, desde el porno a las películas, la música… ahora se ha dado la vuelta completamente. La gente que quiere que nos callemos es la gente de la izquierda.

P: Esto no sucede en exclusiva en América. Pero ¿qué tiene que ver con el arte?

BW: Creo que hemos perdido esa conexión, la idea de que – creas en un Dios Cristiano o no – el impulso artístico tiene una inspiración divina. Por lo tanto, sólo podemos observarnos. En el punk hay un montón de música política porque, si no crees en Dios y no crees particularmente en el concepto cristiano de esperanza, la esperanza de una resurrección futura, no de estar arriba en las nubes rodeado de ángeles, sino de un nuevo cielo en la tierra y una nueva vida que involucra la creatividad y la acción, y realmente estar y vivir en unión con Dios, si no crees en todas estas cosas, entonces la solución a la condición humana tiene que venir desde dentro de cada uno. Para la mayoría, ha de ser una solución política.

Ciertamente la política tiene su sitio, pero la política y el arte son realmente una mala combinación, es casi imposible hacerlo bien. Ese no es el trabajo del artista: cuando hacemos arte no podemos ir pensando que vamos a cambiar el mundo porque vamos a perder de vista el objetivo. Nuestro objetivo es contar, de modo lo más sincero posible, cómo es la condición humana. Independientemente de la forma en que lo hagamos, tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos para conseguir ese fin. Si no es así, crearemos cosas que no tendrán valor a largo plazo.

P: ¿Quieres decir que hace falta ser cristiano para hacer buena música?

BW: No, no necesitas la fe, no necesitas creer en Dios para hacer arte genial, sino que necesitas entender la idea de que hay algo que no depende enteramente de tu iniciativa, o al menos algo que no puedes entender: un impulso creativo. Creo que ahí hay un campo en común, pero ahora vivimos en una cultura que está llena de ofensa, llena de “estar ofendido” y “que te ofendan”, y eso es muy malo para el arte.

P: ¿Por qué es malo para el arte?

BW: Hay una idea generalizada de que no debemos sentirnos mal y que la gente, cuando te dicen algo malo, puede herirte. Por supuesto que la gente puede decir cosas que te hieren, pero la reacción adecuada a eso es no dejar que te defina. La solución no es hacer callar a los demás.

Es un problema artístico, es un problema incluso político, porque hay un montón de cosas que no podemos decir y, si no podemos discutir las cosas, no vamos a encontrar soluciones. Mira, por ejemplo, el matrimonio gay. Ahora la gente decide que a los gais no sólo se les debe permitir casarse, sino que deben ser protegidos a nivel federal por la Constitución. El problema reside en que es una cuestión a la que nunca se le ha dado una respuesta adecuada, sino que se ha tomado a pitorreo. La cuestión es: si haces eso por un grupo de personas, ¿cómo puedes excluir a los demás? Pero siempre se ha considerado ridículo, ni siquiera merecía la pena discutirlo. Bien, es muy interesante, porque ahora las tornas han cambiado y la respuesta es “¿A quién le importa?”. Está pasando algo deshonesto ahí y es posible sólo porque todo el mundo tiene miedo de parecer un tarado religioso de derechas, cuando es sólo una cuestión de lógica y de ley.

ben-weasel-tempi-copertinaP: ¿Crees que habrá una reacción igual a tu Baby Fat?

BW: Sí, habrá un montón de gente que descartará todo lo que yo diga porque aparentemente soy un católico de derechas. No soy de derechas, no tengo ideología política. La política es importante, pero no es la solución al problema de la condición humana y mi trabajo es describir la condición humana.

Entonces, ¿la gente tendrá problemas con Baby Fat? Claro, por supuesto. Te puedo garantizar que habrá gente ofendida porque me he atrevido a crear un escenario en el que una mujer es violada. Decidirán que apruebo la violación o culpo a Poveretta por esa situación, o algo así… Obviamente fue una decisión deliberada, porque estoy haciendo un homenaje a Rigoletto y también porque es una situación increíblemente cargada de emociones, una violación devastadora de un individuo, de su libertad, de su sexualidad… pero, desde mi punto de vista, esa escena tiene que ver muy poco que ver con el acto de la violación en sí mismo.

Había un tipo en mi banda a principios de los noventa que vio Pulp Fiction, de Tarantino y tuvo una conversación conmigo en la que argumentaba – y realmente parecía creer esto – que Tarantino usaba la palabra negrata en la película una y otra vez, sólo porque le gustaba usar la palabra negrata y quería poder usarla sin ser criticado. Yo pensé: “¡Eso es de locos, no entiendes el arte en absoluto!”. Pero hemos llegado a este punto.

Creo realmente que eso es lo que pasa cuando eliminas la fe de la sociedad. La sociedad tiende hacia ella de cualquier modo, sólo que de modo inconsciente. Así que ya no tenemos una religión organizada, sino que creamos nuestra propia religión y somos como los puritanos del siglo XVII, queremos avergonzar públicamente a la gente, queremos poner la letra escarlata en su pecho (una práctica de los puritanos de Nueva Inglaterra, que inspiró el título de la novela de Nathaniel Hawthorne La letra escarlata). ¿Eso es bueno para el arte?, ¿es bueno para la sociedad? No, no es bueno para nada.

Si mencionas alguna vez raza, sexo u homosexualidad serás etiquetado de homófobo, sexista y racista incluso si ninguno de esos temas entra jamás en la conversación.

P: Precisamente, en la fachada de la sede nuestro semanario hicieron una pintada que decía “Tempi mierda homófoba y sexista”…

BW: Es particularmente ofensivo para mí por un par de razones. La primera: tengo miembros de mi familia y amigos que son gais. Les amo y no considero que sean menos que nadie. La segunda: me ofende porque no tiene nada que ver con la conversación, es sólo un intento de callarme y la práctica de tapar la boca a la gente por medio de este tipo de acusaciones es muy mala para el arte, causa un montón de autocensura.

Volviendo a tu pregunta, puedo casi predecir que la escena de la violación va a causar problemas, pero esa no es la razón por la que la hice. En realidad no va de sexo ni de violación, es sobre arreglar la humanidad y lo realmente importante es cómo reacciona el personaje. No estoy haciendo un comentario social sobre la violación escribiendo sobre ella, intento contar algo mucho más grande.

P: ¿Crees que has conseguido tu objetivo con Baby Fat?, ¿crees que toca “el problema real”, tal y como tú lo llamas?

BW: No tengo ni idea. Estoy muy cerca. Cuando sale un disco, mi política es la de no leer críticas, ni siquiera de fans, durante seis meses porque me pondría a la defensiva.

P: ¿Estás satisfecho?

BW: Sí, pero me ha costado 10 años poder mirar atrás y decir: “Este disco es lo que quería hacer”. Tuve dificultades. Tuve que aprender a escribir texto recitativo para música rock, que nunca se había hecho, pero creo que en algunas canciones he hecho un buen trabajo. Los cantantes, los músicos y el productor han hecho un trabajo fenomenal. Lo que yo me pregunto es: ¿se puede escuchar el disco y coger el sentido de la historia? ¿Se puede entender el carácter cíclico de los temas musicales? ¿Se puede saber cuándo empieza una canción y cuándo acaba por lo que sucede musicalmente? Si eso pasa, que creo que es así, entonces estoy satisfecho razonablemente.

P: El disco sólo contiene pistas de música. ¿Alguna llevarás toda la ópera en el escenario con los diálogos y todo, tal como aparece en el libreto?

BW: Eso está por encima de lo que puedo pagar. Si alguien quisiera hacerlo, yo estaría encantado, pero me ha llevado tres años de mi vida escribir y grabar el Acto I y no sabría ni siquiera por dónde empezar.

P: ¿Por qué Rigoletto te intriga tanto?

BW: Uno de los grandes temas de Verdi, a quien yo considero como el mejor compositor de ópera de la historia, fue la relación entre los padres y sus hijos adultos. Lo vemos una y otra vez en muchas de sus óperas. Siempre había querido escribir una versión operística de El rey Lear y murió antes de que pudiera hacerla, eso habría sido la última expresión de esta idea. Tenemos que explorar las cosas que nos fascinan, y estoy muy interesado en la relación de un padre con sus hijas porque tengo dos.

P: ¿Esto ha cambiado la relación con tus hijos?

BW: Quizás soy más consciente de los peligros de ser sobreprotector. Yo tenía un montón de preocupaciones como padre novato antes incluso de que nacieran los niños. Creo que es una cosa específica del padre, sobre todo con respecto a una hija. Estuve explorando esto por mi cuenta mientras escribía Baby Fat.

Hay algo de mí en cada uno de los principales personajes de esta historia. Yo soy parte de este tipo horrible y malo, Tommy Swank, y de su tendencia dejarse fuera a sí mismo. Tengo esa tendencia que se ve en Poveretta de intelectualizar mi fe y tratar de evitar las situaciones que me obligarían a vivirla. Estoy también en el personaje de Baby Fat, en su deseo de controlar todo y para separar su imagen pública de la persona que es en privado, con la paranoia que eso puede crear en sus seres queridos y las malas decisiones que puedes tomar debido a eso.

P: ¿Por qué crear tantos personajes? Es un modo complejo de que uno se exprese.

BW: Lo que mola en el punk es escribir canciones donde confiesa lo que ha hecho o autobiográficas. Esto apreciado sobre el resto como el único modo de ser “auténtico”, no artificial. Lo que he descubierto, sin embargo, es que puedes alcanzar una mayor verdad a través de la ficción. En cierto modo, lo que haces se vuelve más auténtico, más genuino, se pega mucho más a la realidad, porque la ficción te permite no quedarte cautivado por las minucias de tu propia experiencia subjetiva; te hace capaz de destapar la universalidad de tu situación, porque no piensas en ti mismo todo el tiempo. Homero, Virgilio, Shakespeare… ninguno de los grandes artistas se sentaron a crear con la pretensión de hacer cuentas con sus problemas psicológicos a través de su arte. Intentaban decir algo sobre la vida.

P: ¿Te has inspirado en cualquier otra persona real, aparte de ti mismo?

BW: No, la inspiración para los personajes vino directamente de Verdi, Piave (Francisco Maria Piave, libretista de Verdi) y Víctor Hugo. La obra original en la que se basó Rigoletto fue El rey se divierte, de Víctor Hugo. Fue un gran fracaso, así que no sé por qué Verdi decidió ponerle música. Me alegro que lo hiciera porque yo creo que es probablemente la mejor ópera de su repertorio.

Busqué algunos de los temas que Verdi consultó y ahondé en ellos. Puedo haber subrayado las cosas de un modo un poco distinto, por lo que el Acto II probablemente tendrá el mismo final que Rigoletto, pero va ser representado de un modo un poco diferente, porque todavía estoy muy interesado en la relación entre los padres y sus hijas adultas. Lo que vamos a ver en el Acto II – la única cosa que puedo decir- es que Sardonicus tiene una hija adulta también, por lo que habrá otra protagonista femenina. Pero no quiero adelantar nada más.

P: ¿Es justo trazar un paralelismo entre Baby Fat y lo que te pasó tras el incidente del SXSW? Tu historia es también un caso de ruina y redención…

BW: Yo no podría vivir una vida feliz y en calma si me mirase a mí mismo como una terrible víctima como lo es él, pero lo que podía hacer era disculparme públicamente, y eso es lo que sigo haciendo hoy. Como si, desde ese momento, toda mi vida pública se convirtiese en una representación artística, donde denuncio la hipocresía y bla, bla, bla… Eso no quiere decir que no crea que sea verdad hasta cierto punto, porque, en realidad, hay mucha hipocresía. Ha habido varios casos de músicos que atacan a personas del público. Hace unas semanas un chico le pego una patada a una mujer y la escupió, porque ella le lanzó una botella, y básicamente le vitorearon por ello. Conoce la gente correcta, conoce la gente adecuada, sus ideas son correctas…

Así que, tiene sentido si comparas mi situación con la del personaje de Baby Fat. Él es como una caricatura. Humilla a la gente que le rodea y yo hago eso también, pero yo también estoy haciendo una representación. En cierto sentido, es una observación sobre todo lo que me rodea en mi vida pública, pero también es una observación sobre mí, y no siempre es halagadora. Esta es la parte que nadie parece entender. La gente dice: «No sabe la pinta que tiene cuando hace estas cosas». Lo sé, sé exactamente lo que parece, lo hago a propósito.

Eso me ha permitido dormir estupendamente por la noche. No tengo ningún tipo de ansiedad, en mi vida privada soy más feliz de lo que he sido nunca. Excepto inmediatamente después de que ocurriera, cuando le dije a mi esposa: «Bueno, todo el mundo dice que mi carrera ha terminado y estoy seguro de que es así, ¿cómo te sientes al respecto?». Y ella respondió: «Aliviada. Has sido miserable. Desde que volviste a actuar, eras infeliz y estabas enfadado». Tenía razón: yo odiaba hacerlo. Así que sabíamos que íbamos a ser pobres, pero estaba bien, porque éramos felices.

P: Pero eso no es lo que pasó. Tu carrera no había terminado.

Bueno, eso es lo curioso, resultó que mi carrera no había terminado, acabé volviendo, ganando más dinero, atrayendo más público y haciéndolo mejor de lo que nunca lo había hecho. Pero todavía me comporto como si mi carrera hubiera terminado, así que soy capaz de salir al escenario y disfrutar de lo que estoy haciendo. Y no tengo ese cabreo y ese resentimiento, porque he roto todos los vínculos con las normas de esa escena. Me comporto como un hombre que no tiene nada que perder. En cierta medida, lo pongo en manos de Dios…

Uno de mis viejos baterías escribió algo el otro día acerca de lo mucho que odia cuando la gente religiosa dicen que ponen las cosas en manos de Dios. “Tienes que hacerlo tú mismo”, escribía. Eso tiene sentido, supongo que siempre se puede hacer algo con la situación que se vive, pero el tener una relación con Dios te hace comprender que muy poco de tu vida está, en realidad, bajo tu control.

P: La manera de hablar acerca de tu relación con Dios es sorprendente. ¿Cuál es tu principal inspiración en eso? ¿De dónde viene esa educación?

BW: Realmente no lo sé, soy en gran medida autodidacta. Me bautizaron como católico pero nunca recibí los otros sacramentos, así que cuando me uní a la Iglesia de adulto, tuve que hacerlo a través del programa RICA (Rito de Iniciación Cristiana de Adultos). Creo que nunca hubo un momento en mi vida donde yo fuera ateo. Era agnóstico, pensé que había algún tipo de Dios ahí arriba que pasaba de mí, pero nunca creí en una completa ausencia de Dios.

Tras una vida en la que cometí casi todos los errores que una persona puede cometer, lo que me preocupaba realmente era la redención. Nos atrae la historia de Cristo por el tema de la redención. Es un gran tema en la historia de la literatura occidental. Creo que hay algo inherente en ello que entendemos como personas, y por eso todas nuestras películas y novelas son tan a menudo historias de redención. A mi juicio, esa idea de sufrimiento y morir de sí mismo y volver a resucitar es un tema muy fascinante.

P: ¿Cuándo decidiste convertirse al catolicismo?

BW: Me uní a la Iglesia hace casi diez años. Yo había sido budista varios años, pero había comenzado a darme cuenta de que algunas de las cosas que realmente me atrajeron del budismo eran de hecho aspectos del catolicismo. Siempre me había sentido atraído por el catolicismo, porque como he dicho me bautizaron pero no crecí en la fe, y mis hermanas y yo éramos de los únicos niños en el bloque que iban a la escuela pública. La mayoría de nuestros amigos iban a escuelas católicas y acudían a misa los domingos. Todo el asunto me parecía fascinante. Pero mi madre había dejado la Iglesia Católica y había estado yendo a una iglesia baptista, así que cuando yo tenía diez u once años, nos hizo ir allí y unirnos a las actividades de los jóvenes. Eso probablemente me apartó de la religión durante décadas. Lo odiaba, para mí era cursi y tonto. Simplemente no me parecía algo serio para tratar la cuestión Dios, era como una versión Disney de lo que debería ser, y estoy hablando desde la perspectiva de un niño de diez años.

Así que cuando decidí dejar el budismo, empecé a tomar en serio el catolicismo. Y lo que me llamó la atención en ese momento fue la Eucaristía. Algunas iglesias de mi zona en particular hacían la adoración eucarística. Ya sabes, exponen la hostia y luego la gente viene y reza ante ella… Empecé a leer sobre el tema y me enteré de que es una creencia de que el cuerpo y la sangre de Cristo están literalmente presentes en la hostia. Pensé: esto es tan escandaloso que desafía todo lo que sabemos científicamente, desafía a toda nuestra cultura obsesionada con la ciencia – lo que significa que cada semana creemos en cualquier cosa que alguien decida que debemos creer – . Lo que quiero decir es que es una cosa muy seria. Decidí que si iba a unirme a una iglesia, tenía que ser a una que ofreciese la adoración eucarística, un signo de que allí son serios con la fe. Mientras que aquellas iglesias en las que se tocan guitarras acústicas y se canta el Padrenuestro, esas no eran para mí.

P: ¿Qué te convenció para cambiar tu vida y unirte a la Iglesia?

BW: Me siento un poco indeciso cuando tengo que hablar de mi experiencia transformadora, ya que casi suena como algo salido de una película, que suena como si no fuera de verdad … Antes de tomar la decisión de unirme a la Iglesia dije: “Voy a tratar de rezar. No tengo fe en que esto cambie algo, pero voy a darle una oportunidad”.

Una de las razones por las que nunca pude congeniar con el budismo es porque, en última instancia, es autodirigido. Tu redención en el budismo depende totalmente de ti, y sólo la logras a través de tu propio poder. Pero yo había sido un desastre durante toda la vida. Cuando era adolescente, pasé dos años en una especie de reformatorio porque no podía llevarme bien con la sociedad, terminé en una banda de punk rock porque no encajaba en ningún otro lugar. Era el clásico marginado, realmente un fracaso de muchas maneras, y me acababa de divorciar en aquel momento… Había intentado durante treinta años arreglarme a mí mismo por mi propio esfuerzo y simplemente no funcionó. Así que dije: “Voy a tratar de rezar, eso no hace daño”.

Empecé a decir una oración cada noche y simplemente a pedir ayuda en un sentido general. Yo ni siquiera sabía si Jesús era real en ningún sentido más allá. Pero casi de inmediato mi vida comenzó a mejorar. No hice nada, no cambié nada, pero mi vida empezó a mejorar, y mis problemas empezaron a quedar en segundo plano, considerablemente. Tal vez todo fue una coincidencia, no tengo ni idea, no me siento seguro como para decir que Dios entró en mi vida en ese momento y la mejoró. Es innegable que mejoró y lo único que sé es que me enganchó y me dieron ganas de probar la Iglesia y recibir la Eucaristía.

Por supuesto que hubo razones intelectuales por las que he venido a la fe, varias cosas que he leído, en particular acerca de la resurrección. Pero fue realmente más una cosa del corazón que una cosa de la cabeza. Sólo podía mirar mi vida en comparación con el infierno que solía ser… empecé a ver cambios en mi arte, cambios en mi vida. Pero, sobre todo, me dejé de sentir mal conmigo mismo, me di cuenta de que podía dejar de tomar decisiones que no debía tomar. Hubo una gran reacción en mi vida empresarial.

P: ¿Tu conversión irritó a alguien?

BW: Bueno, nadie estaba realmente feliz, aunque yo no me puse muy pesado con eso. Hice una apuesta mucho mayor por el budismo y todo el mundo pensaba que era maravilloso: «Oh, los budistas son tan agradables, tan liberales…». Pero cuando me uní a la Iglesia católica, era como si acabara de reventar a patadas a su gato o algo así. Había una o dos personas que estaban seriamente preocupados por mí, incluyendo a mi madre. Incluso hoy en día, ser católico en ciertos círculos, especialmente en el punk rock, es un insulto, es como llamar gilipollas a alguien.

P: En cierto sentido, existe una contradicción entre ser punk y ser católico. La gente identifica el punk con la anarquía, hacer lo que quieras, ser lo contrario que Poveretta.

BW: Esa es una visión anticuada del punk. Podría haber sido así al principio, pero muy pronto se convirtió en una especie de segundo movimiento hippie, un ala izquierda radical. Así que, sí, no hay lugar para la religión, pero sólo porque la religión es vista como inherentemente hostil a los valores de izquierda. He sido contrario a esa idea desde el principio de mi carrera. Aún cuando no tenía fe en absoluto, escribía canciones que abordan específicamente el tema del ataque a las ideas de la religión en la música punk.

P: ¿Qué canciones?

BW: En el primer álbum Screeching Weasel hay una canción que se llama What is right? (¿Qué es lo correcto?) que habla específicamente de qué pasa si Dios realmente existe. En el segundo álbum Boogada Boogada Boogada! está Holy Hardcore (Sagrado Hardcore), una especie de canción tonta escrita desde la perspectiva de un punk rocker que cree en Dios. Está pensada específicamente para provocar a la gente anti-religiosa. Y a continuación, el tercer álbum My brain hurts incluye The science of myth (La ciencia del mito), en la que quería tener una visión real de lo que es la fe.

P: Tienes relaciones difíciles, incluso con tu mundo…

BW: Elegí el punk porque pensé que era el único lugar donde podía simplemente hacer lo que quisiera y no había grupos de guais. Pero muy rápidamente empecé a darme cuenta de que estaba totalmente equivocado, de que era como todo lo demás. Empecé a rebelarme contra eso desde el principio, y eso siempre me ha causado problemas. De hecho no tengo ni idea de por qué tengo una carrera en absoluto… La razón por la que la gente dice que soy de derechas, a pesar de que no lo soy, es porque la voz predominante en el punk es de izquierdas, y tengo que denunciarlo. Si la voz predominante fuese de derechas, yo haría exactamente lo contrario. No sólo por llevar la contraria sino porque estoy en contra de cualquier tipo de lealtad irreflexiva a algo. Tomé en serio lo que dicen en el movimiento hippy y en el punk también: cuestionar todo. Pongo en duda todo, incluyendo tu insistencia en que yo cuestiono todo.

P: Volvamos a Baby Fat. ¿Cómo elegiste a los actores? Todos son punk rockers, ¿verdad?

BW: Más o menos, sí. Había ciertas personas que quería que participaran, otras que me habría gustado que estuvieran y que no pude conseguir… El que realmente destaca, a mi juicio, es Blag Dahlia, cantante de los Dwarves. Él es Baby Fat en la ópera y, en la vida real, es ateo a pesar de que fue criado como católico. Es casi el ateo más recalcitrante que te puedas imaginar. Las portadas de sus discos exhiben mujeres desnudas, a veces bañadas en sangre. Ama el sexo y las drogas y es muy teatral. Yo nunca había prestado atención a su banda hasta que me di cuenta de que lo que hacían era sólo teatro. Y era lo que necesitaba: alguien que entendiera la teatralidad de la música rock.

Sé que los aficionados probablemente habrían esperado que yo interpretara el papel principal y la opción lógica hubiera sido tener Blag haciendo del malo de la película, Tommy Swank, este personaje obsesionado con las drogas y el sexo, pero yo quería hacerlo al contrario, yo quería hacer de malo porque eso es divertido.

P: Hay mucha mezcla de estilos musicales en tu ópera. ¿Crees que tus fans lo van a entender?

BW: Muchos de ellos, no. Pero un gran número de fans del punk realmente no saben mucho de música anterior a los noventa, así que ni siquiera saben mucho acerca de los cimientos del rock and roll: Chuck Berry, etcétera. Así que depende de cada persona, pero también creo que hasta cierto punto no necesitan tener mucha base musical para que les guste si he hecho mi trabajo bien. Así que no quiero culpar a nadie. En última instancia, si alguien no capta algunos puntos muy específicos no es un gran problema, pero si se pierden el punto principal, quizá no haya hecho mi trabajo tan bien como debía.

P: ¿Crees que este enorme trabajo será recompensado, tanto en términos económicos como de satisfacción?

BW: En cuanto a la satisfacción, eso espero. En cuanto a la cuestión económica, el proyecto está financiado mediante crowdfunding, así que no hay una inversión que recuperar, por lo que veremos el dinero de los royalties casi desde el primer día, lo que es realmente gratificante. Pero no va a ser mucho dinero, no va a provocar una diferencia significativa en mi vida familiar.

Baby Fat es una de esas cosas que haces incluso sabiendo que puede fracasar. Podría fracasar en el aspecto creativo y es seguro que va a fracasar económicamente. Pero si no lo hago, entonces ¿qué voy a hacer?

P: Ya hay una gira programada para este verano, después de la publicación del Acto I en EEUU (26 de mayo). ¿Has pensado en hacer algunos shows en Europa también? ¿Quizá en Italia?

BW: Sí, estamos organizando un par de shows en Europa. Con un poco de suerte vamos a ir a Milán, eso espero.

P: ¿Es cierto que tienes muchos fans en Italia?

BW: Supongo que sí. Nunca he tocado allí con la banda, pero me han dicho que a lo largo de los años hemos hecho un montón de fans en Italia. No sé por qué.

P: ¿Nunca tocaste en Italia?

BW: Bueno, toqué en Milán en 1995 con Riverdales, abrimos para Green Day. Pero nunca lo he hecho con Screeching Weasel porque la logística de ir a Europa es, cuanto menos, difícil. Cuidar de mis hijos y mis responsabilidades en casa me impiden hacer viajes largos. Y por otra parte, en la mayoría de los países europeos los impuestos son punitivos. Yo estoy a favor de que todas las personas que tengan atención sanitaria, pero cuando viajas a algunos de estos países y empiezan: «¡Oh, vosotros, los norteamericanos estáis tan atrasados con la sanidad», y yo respondo: «Sí, ¡pero no condenamos a la gente que viene a trabajar a nuestro país a pagarla! ».

De cualquier modo, espero ir allí, porque realmente me gustaría pasar uno o dos días en Milán. Lo que realmente quiero hacer es ir a ver una ópera en La Scala. Para mí sería lo más.

P: Una última pregunta. ¿Qué significa la frase «pertenecemos a los ángeles»?

BW: Es sólo un homenaje a un pasaje interesante de la historia americana. Cuando nuestro presidente Abraham Lincoln fue asesinado, no murió de inmediato, estuvo en su lecho de muerte por un tiempo, y dicen que, cuando finalmente falleció, su secretario de Guerra (Edwin Stanton) dijo: “Ahora pertenece al tiempo”. Una frase legendaria que todavía hoy se recuerda. Pero estudios recientes sostienen que no dijo eso, que la frase que muy probablemente pronunció fue: «Ahora pertenece a los ángeles».

De todos modos, dentro de esa canción (We never knew) esas palabras adquieren un significado diferente, porque se trata de esta relación única, esa relación secreta que esta mujer, Poveretta, tiene con su padre, Baby Fat.

Mi padre fue adoptado y, cuando mi abuelo murió, le preguntó desde su lecho de muerte: «¿Quieres saber algo acerca de tus padres?». Y él dijo: «No, tú eres mi padre», porque era muy leal a sus padres adoptivos. Sin embargo, muchos años después, hace ahora unos seis años, empezó a investigar. Le llevó meses pero se enteró de quién era su madre biológica. Era una mujer que había conocido cuando era niño, porque sus padres eran propietarios de un edificio de apartamentos y la alojaron allí durante varios años. La recordaba, sabía quién era, y también descubrió que tenía una hermanastra. Así que ahora tengo esta nueva tía con una familia propia, allá en Arkansas, toda una parte de la familia que habla con acento del sur.

Me gustó la idea de su vínculo. Hubo un vínculo entre mi padre y su hermanastra de inmediato. Pensaba en eso cuando puse esa frase en la historia, esta idea que reside en este vínculo, a pesar de que ni siquiera se conocen. Eso es una cosa real y que crea este tipo de relación única que no habría existido si hubieran sido criados juntos como hermano y hermana, por ejemplo. Esa frase, «Ahora pertenecemos a los ángeles», es el comentario de Poveretta sobre este tipo de vínculos. No tiene nada que ver con la muerte, tiene que ver con pertenecer a esta relación única con los demás.

P: Sería una buena idea incluir toda esta información en los comentarios del libreto para tus fans.

BW: Pueden leer esta información en esta entrevista.

Entrevista Original: “Revista Tempi 25 de Mayo de 2015 “Exclusive interview with Ben Weasel on “Baby Fat”, Punk Rock and the human Condition”. http://www.tempi.it/exclusive-interview-with-ben-weasel-on-baby-fat-punk-rock-and-the-human-condition#.VYKVX_ntmko

Traducción al castellano en exclusiva y con permiso de la Revista Tempi.

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